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mayo 24, 2026
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Fotos: Cortesía de Primosic

En Oslavia, entre las colinas del Collio friulano, la Ribolla Gialla permanece en la vid cuando el resto de la región ya ha terminado la vendimia. Octubre avanza lentamente. El color de las pieles pasa del verde al dorado, casi ámbar, como si el tiempo eligiera detenerse en estas laderas antes de continuar. La familia Primosic lleva generaciones aprendiendo a respetar esa espera. No la abrevia ni la fuerza: la convierte en identidad.

Entre los ríos Judrio e Isonzo, cerca de las fronteras con Eslovenia y Austria, el viñedo de Primosic ocupa un territorio que no se parece a ningún otro del norte de Italia. La proximidad a tres culturas —italiana, eslava y austrohúngara— impregna el suelo, el paisaje y, inevitablemente, el vino. Aquí el vino no se fabrica: se hereda, se interpreta y se transmite.

Un vino que existía antes de tener nombre

Mucho antes de que el orange wine entrara en el vocabulario internacional como categoría de moda, en las colinas de Gorizia ya se fermentaban uvas blancas con sus pieles. No era una declaración de principios ni una apuesta de mercado: era sencillamente la manera en que se hacía vino en Oslavia desde el siglo XVI, cuando el Condado de Gorizia formaba parte del Imperio austrohúngaro y estas colinas abastecían las mesas de Viena con vino, aceite de oliva y frutas del “jardín de Mitteleuropa”.

Primosic no inventó una tendencia. Recuperó una memoria. Y esa diferencia lo cambia todo: mientras muchas bodegas adoptaron la maceración como gesto contemporáneo, en Oslavia el método tiene catastro, apellido y dirección. La familia aparece documentada como propietaria de viñedos en el catastro teresiano de 1751. A finales del siglo XIX, Karlo Primosic ya enviaba vino a granel a Viena a través de la línea Transalpina. Tras la Primera Guerra Mundial, Josef Primosic reconstruyó la casa y replantó los viñedos con el mismo gesto silencioso que define a quienes entienden la tierra como compromiso generacional.

En 1964, Silvian Primosic —uno de los primeros miembros del Consorzio Collio— embotelló por primera vez toda la producción de la bodega. En 1967 nació la histórica Numero 1, un Tocai Friulano con DOC Collio que consolidó el reconocimiento internacional de la casa. Décadas después, los hermanos Marko y Boris profundizarían en el trabajo con viejas viñas y, desde finales de los noventa, en los vinos macerados con un enfoque cada vez más preciso y definido.

“Per noi il vino è una cultura che è proprio nelle nostre radici.” Nicola Primosic, quinta generación

Estructura desde la piel

La Ribolla Gialla es la uva que resume todo lo que Primosic quiere decir. Autóctona del Friuli, de piel gruesa, marcada acidez y gran versatilidad, es una variedad que no cede ante la simplificación. Nicola lo explica con la precisión de quien ha crecido escuchando hablar de ella: “acidità e mineralità” —acidez y mineralidad— son los dos conceptos fundamentales. Y añade algo que lo aclara todo: “tutta la struttura è nella buccia”. Toda la estructura está en la piel.

La vendimia llega cuando los racimos alcanzan ese dorado preciso que solo el tiempo produce. “Quando vediamo che l’uva ha quel colore dorato, è il momento di vendemmiare”, explica Nicola. Hay una primera selección en la propia planta, dejando los mejores racimos para un leve appassimento que concentra los aromas antes de la fermentación. El vino nace de la observación, del criterio y de la paciencia: tres cualidades que no se compran.

Cuando la uva permanece en contacto con sus pieles durante semanas, el vino adquiere una densidad cromática y una dimensión tánica que amplía completamente su presencia en boca. No es el blanco ligero que se asocia al Collio en las décadas del boom italiano. Es otra cosa: más complejo, más largo, más exigente con quien lo sirve y con quien lo bebe.

La colección Skin: tres lecturas de una misma idea

La colección Skin reúne los tres orange wines de Primosic bajo una misma filosofía: la maceración como lenguaje, no como efecto. Cada vino expresa una variedad diferente, pero todos comparten esa estructura sedosa y mineral que distingue a Oslavia del resto del mundo del vino natural.

Ribolla Gialla Riserva es la expresión más completa de la bodega. Fermentación espontánea, alrededor de cuatro semanas de maceración en cubas abiertas de madera, dos años de crianza en roble de Eslavonia y afinamiento en botella. En la copa aparecen notas de albaricoque, té verde, piel de naranja amarga y frutos secos tostados, sostenidas por una mineralidad que se alarga en el paladar mucho después de la última copa. Acompaña con naturalidad desde un salmón en costra de sésamo y miso hasta un cordero especiado o un plato de caza menor. Es uno de esos vinos que redefinen lo que un blanco puede hacer en la mesa.

Friulano es naranja dorado e intenso, con ese matiz de almendra amarga que lo hace singular entre los macerados del norte de Italia. La mineralidad está presente desde el primer sorbo, con una tensión que recuerda que estamos ante una variedad profundamente ligada al territorio. Tiene afinidad natural con quesos curados de larga maduración, carnes blancas condimentadas, una carbonara bien ejecutada o cualquier preparación donde la grasa y la acidez necesitan encontrarse.

Pinot Grigio es el más sorprendente de los tres para quien llega con prejuicios sobre esta variedad. De color cobrizo y aromas florales, con frutos rojos en nariz y una estructura envolvente en boca que no tiene nada que ver con el Pinot Grigio industrial que domina las cartas de vino mediocres. Funciona extraordinariamente bien con pulpo a la brasa, cocina asiática de fondo ahumado, sopas de pescado con intensidad o una amatriciana clásica.

El vino salió del viñedo con Think Yellow 

En 2005, Primosic y Porsche Italia desarrollaron juntos Tiro Rapido, un proyecto cultural bajo el lema Think Yellow. El amarillo dorado de la Ribolla Gialla conectaba con la identidad cromática de Porsche en un recorrido por plazas italianas y cafés literarios que consolidó el reconocimiento internacional de la variedad. Diseño, velocidad y cultura del vino conviviendo en el mismo universo sin que ninguno de los tres elementos resultara forzado.

No es un detalle anecdótico. Es un indicador de cómo Primosic entiende su lugar en el mundo: como productores de un vino que merece circular fuera del registro estrictamente enológico, que tiene algo que decir en conversaciones sobre elegancia, territorio y autenticidad.

Raíces y responsabilidad

Las generaciones jóvenes, señala Nicola, muestran un interés creciente por estos vinos precisamente por lo que representan: tipicidad de territorio, biodiversidad y conexión con el origen. En un mundo acelerado y globalizado, la autenticidad se ha convertido en uno de los lujos más difíciles de fabricar y uno de los más sencillos de reconocer.

Primosic cuenta con la certificación S.Q.N.P.I. —Sistema Nazionale di Qualità di Produzione Integrata— y trabaja con prácticas agrícolas que respetan el ecosistema de un territorio que, como señala Nicola, pertenece a quienes lo habitan mucho antes de que llegue cualquier consumidor.

En el viñedo conviven las variedades autóctonas —Ribolla Gialla, Friulano, Malvasia Istriana y Refosco dal Peduncolo Rosso— con Pinot Grigio, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Merlot y Cabernet Franc. Todas cultivadas mediante el método Guyot, con 5.000 plantas por hectárea, manteniendo la densidad que exige la calidad. La sostenibilidad aquí no es un argumento de marketing: es la consecuencia natural de quien trabaja la misma tierra que trabajaron su abuelo y su bisabuelo.

La Oslavia Wine Experience

A hora y media de Venecia en tren y a media hora de Trieste, Oslavia ofrece una posición geográfica que tiene algo de privilegio silencioso: lo suficientemente cerca de todo para llegar sin esfuerzo, lo suficientemente lejos del circuito habitual para que la visita conserve su carácter.

La familia vive en la propiedad. Silvan Primosic, maestro bodeguero y figura histórica de la casa, mantiene un espíritu de hospitalidad que define el carácter de cada visita. “Siamo sempre disponibili e aperti per le visite in cantina”, dice Nicola con esa naturalidad que cambia el tono del enoturismo por completo. No hay protocolo corporativo ni recorrido guiado con auriculares: hay una bodega real, una familia presente y un vino que se entiende mejor cuando se prueba mirando el viñedo desde el que nació.

La Oslavia Wine Experience es una de esas experiencias que devuelven el vino a su dimensión más honesta: la mesa, el paisaje, el tiempo compartido y la conversación que surge cuando el anfitrión conoce cada vid de su viñedo por su nombre.

“Il vino non è solo bere vino, ma è assaggiare vino.” Nicola Primosic

En Oslavia, la Ribolla Gialla macerada seduce porque expresa raíces, paisaje y una elegancia construida con paciencia. Y porque en manos de una familia como Primosic, el orange wine deja de ser una categoría de moda para convertirse en algo mucho más valioso: un argumento sobre por qué algunos lugares producen vinos que no se pueden imitar desde ningún otro sitio.

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