Fotos: Cortesía de Hermès
Durante casi dos siglos —desde 1837—, el caballo ha sido el alma de Hermès y la inspiración permanente de sus artesanos. «Todo comienza con ellos y nada ocurre sin ellos.» Thierry Hermès, fundador de la maison, concibió una nueva guarnición de diseño funcional y confortable que realzaba la belleza del caballo y le otorgaba mayor libertad de movimiento.
En 1910 se crearon sillas específicas para distintas disciplinas ecuestres. De siglo en siglo, los artesanos del número 24 del Faubourg Saint-Honoré han seguido de cerca la evolución de un deporte cada vez más competitivo, que exige equipamiento de vanguardia sin renunciar al bienestar del caballo ni del jinete.


En los establos, en los talleres y durante el Saut Hermès, el caballo ocupa el centro de todo, sin que la elegancia y el estilo queden relegados al margen. La silla de montar es el vínculo entre el jinete y la montura: debe permitir sus movimientos y adaptarse a su morfología.
«En Hermès, el concepto de rendimiento se considera de forma integral: va asociado a materiales y conocimientos excepcionales, al amor por el trabajo bien hecho y, sobre todo, al respeto por el bienestar del caballo, tanto en el ocio como en la competición.» — Ly Lallier, Directora del Métier Ecuestre de Hermès
Saut Hermès au Grand Palais Éphémère
En su duodécima edición, del 18 al 20 de marzo, el Saut Hermès acogió en el Grand Palais Éphémère a los equipos y caballos llegados a los establos del Champ-de-Mars. Las instalaciones fueron diseñadas minuciosamente por el Course Designer Santiago Varela Ullastres —presente en los Juegos Olímpicos de Tokio— y asistido en París por el francés Grégory Bodo. La seguridad y el confort de los animales constituyeron el principio rector de cada decisión.
La cita reunió cifras de excepción: 13.200 espectadores en tres días, 2.100 m² de arena, 130 caballos de salto de obstáculos, 55 jinetes en la competición CSI 5*, 20 jóvenes promesas en la competición Talents Hermès, 17 nacionalidades y un premio total de 736.000 euros.

Las Grandes Pruebas

Disputado en dos fases —la primera exigiendo recorridos sin derribos y con buen ritmo, y la segunda donde el tiempo resultaba determinante—, el Grand Prix fue conquistado por el campeón olímpico Kevin Staut a lomos de su yegua Cheppetta con un tiempo extraordinario de 35″50. Le siguieron los suecos Henrik Von Eckermann sobre King Edward (36″05) y el número uno del mundo, Peder Fredricson, montando Hansson WL (36″22).
El italiano Emanuele Gaudiano y su fiel Carlotta 232 se impusieron en la prueba de Prix de la Ville de Paris, el último día, ratificando el brillante papel de la combinación italiana a lo largo de toda la semana.
Concebida para jinetes menores de 25 años que compiten por equipos, Talents Hermès consagró a los belgas Gilles Thomas (23 años) y Thibeau Spits (21 años). En la jornada inaugural, la amazona británica Sienna Charles se impuso con 23″37, mientras que en la jornada del sábado fue la francesa Laura Klein quien oyó la Marsellesa al cruzar la línea en 33″87.
El suizo Martin Fuchs sobre Sinner fue el único participante en superar el recorrido del Prix Hermès Sellier sin penalización en menos de 57 segundos (56″94). En el Saut Hermès, el belga Gregory Wathelet se impuso al alemán Christian Ahlmann por tan solo 15 centésimas de segundo, mientras que la australiana Edwina Tops-Alexander completó el podio. El Prix GL Events otorgó su primer galardón a la pareja británica formada por Scott Brash y Hello Shelby.

47 binomios compitieron en la nave principal del Grand Palais Éphémère —futuro escenario de los Juegos Olímpicos de París 2024, situado entre la École Militaire y el Champ-de-Mars—. Emanuele Gaudiano montando a Carlotta 232 cubrió el recorrido sin faltas en 27″50 para llevarse el Prix du Grand Palais.
El Arte Más Allá de la Competición

El sábado acogió eventos que trascendieron el plano deportivo. Una gala nocturna de ballet ecuestre transportó al público a Andalucía: jinetes que galoparon al ritmo de la música en un pas de deux de refinada belleza. También se celebró un concurso de salto canino —donde los perros rivalizaron sobre los obstáculos con la misma entrega que los caballos—, así como paseos en poni y talleres de cuidado para los más jóvenes.
Sillas que escriben la historia
Cada silla Hermès nace de una alianza entre el artesano y el jinete, entre el conocimiento centenario y la exigencia contemporánea. El legado comienza con la silla Steinkraus, diseñada a finales de los años sesenta junto al campeón olímpico William Steinkraus.
La silla Steinkraus inauguró la tradición de las colaboraciones con grandes campeones. Su digna heredera, la Hermès Vivace de perfil ultra plano, mantiene viva esa filosofía de proximidad entre jinete y caballo.
Creada junto al jinete francés Simon Delestre, la Hermès Cavale sentó las bases de una nueva generación. La Hermès Cavale II (2019) es la primera silla con asiento sin costuras, concebida específicamente para la equitación en dos tiempos —fuera de la silla— sin sacrificar un ápice de confort.


Diseñada en 2016 junto a la amazona alemana Jessica von Bredow-Werndl, la Arpège y su asiento de profundidad excepcional están consagradas a la doma clásica. Su arquitectura favorece la fusión absoluta entre jinete y montura.
La Selle Rouge

La Selle Rouge inaugura un nuevo capítulo en la historia de la guarnicionería Hermès. Concebida con el belga Jérôme Guéry —miembro del equipo desde 2016—, esta silla fusiona con el cuerpo del caballo: menos voluminosa, permite un contacto sin precedentes.
La profundidad del asiento favorece la unión entre jinete y montura. El fuste, de origen en la doma clásica, se beneficia de una horca esbelta para aumentar la ligereza, la proximidad y la estabilidad. La falda se integra en los faldones y los bloques están embutidos para evitar cualquier grosor superfluo que obstaculice el movimiento. La costura conocida como fil-au-trait elimina cualquier fricción innecesaria. Además de sus innovaciones técnicas y estéticas, la silla es reciclable.
El «rojo del guarnicionero» hace referencia al color emblemático de la maison que el artesano obtiene al engrasar la silla: la unge con aceite y jabón de glicerina para suavizar, nutrir y proteger el cuero en profundidad. Este gesto ritual, transmitido de generación en generación, es la síntesis perfecta del savoir faire Hermès: la técnica al servicio de la belleza, y la belleza al servicio del caballo.
