Villas tras los setos, golf, polo y una marina de colores en el sur de Cádiz
Fotos: Justin Rebel, Fairmont, So Sotogrande, OT San Roque
Del estuario del Guadiaro al casco histórico de San Roque, el recorrido reúne arquitectura del siglo XX, una marina de colores y un pueblo con vistas al Peñón de Gibraltar. Es fácil imaginarse sentado en una mesa frente a los barcos, en un partido de polo al caer la tarde, o haciendo un paseo entre fachadas de colores.

Sotogrande, en San Roque, se reconoce por la luz de la tarde sobre el green, por el verde profundo de sus jardines y por las villas que se adivinan tras largos accesos. Nació del deporte, y ese origen da lugar a una comunidad pensada para vivir al aire libre, con clubes de golf y polo, villas entre jardines, una marina de colores y una manera discreta de entender la vida social.
Del green a la cancha

Sotogrande trazó su mapa alrededor de un green. En 1964, Robert Trent Jones recorrió la finca para decidir dónde situar el primer campo, su primer proyecto europeo, y la vida residencial creció a su alrededor. Medio siglo después, la luz de la tarde sigue cayendo igual sobre el mismo green, y Valderrama guarda el recuerdo de 1997, cuando acogió la primera Ryder Cup disputada en Europa continental.
Al golf se sumó el polo, de la mano de Enrique Zóbel. La cancha de La Playa se construyó en 1965 y el primer torneo, con cuatro equipos, llegó en 1967. Lo que comenzó entre residentes convirtió el verano en una de las grandes citas internacionales del polo, y el golpe seco del taco contra la bocha anuncia el final del partido, justo antes de que la tarde continúe entre terrazas y cenas. Su historia completa tiene capítulos propios: Golf en Sotogrande

Del blanco de las villas al color de la Marina


Desde la calle se perciben copas de árboles, muros blancos y accesos largos que guardan la privacidad de las mansiones. El Paseo del Parque conecta con Kings & Queens, calles dedicadas a monarcas con villas históricas junto al mar, y la arquitectura española del siglo XX.
Aquella vida entre jardines encontró otro escenario con el Puerto Deportivo, inaugurado en 1987. La Marina creció entre canales e islas residenciales, con edificios de altura contenida y fachadas amarillas, rosas, ocres y azules, y tener la embarcación a pocos pasos de casa trajo el placer de salir a navegar casi desde la propia puerta. Al atardecer, el agua duplica cada fachada como un espejo y el conjunto contrasta con el verde profundo de las zonas residenciales más antiguas. Desayunar mirando los atraques o cenar junto al agua ofrece un auténtico lifestyle.
A pocos kilómetros, San Roque guarda historias curiosas. Nació en 1704, cuando miles de habitantes dejaron Gibraltar y se instalaron en una colina desde la que aún podían verlo, convencidos muchos de que la estancia sería breve, y dos cañones de aquellos intentos de recuperarlo se conservan todavía en el mirador Poeta Domingo de Mena. La tradición local sitúa en su Plaza de Armas, en 1720, uno de los primeros pases de muleta de la historia, atribuido a Manuel Ballón, «El Africano». Y su Plaza de Toros, estrenada en 1853, guarda otra anécdota: según cuentan, su arquitecto olvidó calcular el callejón, y ese despiste terminó siendo su sello.

El resto de las historias de Sotogrande y de San Roque, con sus villas, sus clubes y sus mesas, espera en el número completo de Sports & Lifestyle.
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